sábado, 28 de marzo de 2009
Balance (sí, otro más)
Ahora digo... ¿cuántas veces más, qué me queda por quemar... será el teclado, será...?
Estoy cansado, cansado de verdad... Cansado de mí y de mis estupideces. ¿Por qué los dioses no toman posesión de todo lo que... está claro que no merezco, y se lo transfieren a otro?
No quiero, juro que no quiero seguir haciendo boludeces, pero es que... no encuentro esa puerta que me lleve a hallarme y... aprovecharme, disfrutarme, aceptarme... así, con lo poco o con lo mucho que es lo que hay y... pudo haber sido menos y peor, nada...
Gus
jueves, 26 de marzo de 2009
Autobiografía no autorizada (Capítulo I)
Aunque en mi deeneí diga “Clase
Por otro lado, me resulta difícil hablar de mí en singular… desde que descubrí que yo no soy yo: somos nosotros yo. Calma, no es una confesión de esquizofrenia, ni estoy jugando a la heteronimia de Pessoa: soy por lo menos dos, y me parece lo más normal del mundo. Dicho esto, creo que resultará más claro eso de autobiografía no autorizada, aunque inevitablemente el eco del absurdo persista.
Me propongo recordar y contar (recordar para contar). No me interesa mi vida antes del ’72, signado por cambios prodigiosos que me borraron de la cancha de fútbol y me colgaron una guitarra.
Tal vez todo haya empezado unos años antes, cuando siendo un pendejo de séptimo grado descubrí a los Beatles, los Stones, Creedence, Clapton, Zeppelin, Jethro Tull, Almendra y… se me voló la cabeza para siempre. Siempre hay alguien que te muestra, que te guía, que te provee, pero yo… me las tuve que ingeniar casi solo para descubrir y conocer ese mundo que me fascinó de movida. Así fue que me colgué del tren de la travelling band y… no me bajé nunca más.
Fue con Héctor a mi lado que empezó todo. Nos conocimos en el ’71, en el secundario, pero en primer año no nos dimos mucha bola (ni fue la música el primer tema de interés en común: fue la paja). Recién a fines de 1972 empezamos a mandar una juntos, se gestaba el monstruo de dos cabezas…
Héctor había empezado a estudiar guitarra ese mismo año, pero creo que no tenía definido un rumbo musical. Yo empecé a tocar después, casi en el ’73, pero con algunas cosas más en claro. El cabezón (Alberto) también estaba ahí, agarrando guitarras y bajos, sentándose a romper las pelotas en las baterías, y aportando lo suyo. Musicalmente no pasaba nada, éramos tan chiquitos… Pero desde el comienzo Héctor mostró ciertas condiciones naturales para la viola “rítmica” (como se decía en esos tiempos) y para cantar, y a mí en cambio me pintó el lead guitar. Juntos hicimos algunas cositas… intrascendentes pero lindas. Fue una época de mucha magia. Héctor y yo éramos inseparables.
En el ’74 conocimos a las mellizas, y a Mariel y a su hermana, Analía. La casa de Ana simboliza un capítulo muy fuerte de ese año y los que siguieron hasta el ’82. Pero me fui muy lejos. Vuelvo. El ’74 fue denso en este país. El escenario político estaba súper convulsionado: quilombo para que vuelva Perón, quilombo cuando vuelve Perón, quilombo porque Perón les da una patada en el culo a las juventudes revolucionarias, y el peor de todos los quilombos cuando Perón se muere y crece el poder del tipo ese al que no quiero ni nombrar, que crea
Y llegamos al ’75. Todos los exiliados del Pueyrredón ya estaban en quinto. El primer día de clases no me dejaron entrar al colegio (por el pelo y por no tener corbata), y entonces decidí, con unos cuantos más, ir a visitar a los asilados en el Sagrado Corazón. Fuimos, entramos de una, y se armó un quilombito más o menos, porque los conocidos corrieron a saludarnos y las autoridades nos sacaron cagando. Una locura, irrumpir con esa facha en un colegio en horario de clases. Dill recuerda bien ese día…
Creo que no pasó nada trascendente hasta las vacaciones de invierno, cuando conocí a Guillermo, Guido y Eduardo. Fue una fría tarde de Julio. Hubo un recital de vaya uno a saber quién en un colegio de… Remedios de Escalada tal vez, no se, ya pregunté y nadie se acuerda. Fui con Héctor y Pablo (tal vez también estuviera el cabezón), y ese fue el primer encuentro oficial de los que tiempo después habríamos de integrar el “grupo de los seis”. Esa misma noche fuimos a tomar algo al centro, al legendario bar de Lucas (el mozo), en Corrientes casi Callao, al lado de Zhival’s. Guido era muy silencioso, no hablaba un carajo, pero con Guillermo (que también fumaba Particulares 30) hubo onda al toque.
No podría precisar tiempos, pero creo que en apenas un par de semanas Héctor y yo empezamos a tocar con Guillermo (later Dill) y Guido. Primero fue en el colegio, el cura Arce habilitaba un aula, y estaba bueno, pero se pudrió todo cuando vio que llevábamos… ¡mujeres! a escucharnos ensayar, santa María madre de Dios ruega por nosotros pecadores, recuerdo difusamente aquella tarde de un sábado que nos dio la cana a… Miriam (¿o sería Gabriela?) y a mí (¿o sería Guido?) mandándonos escaleras abajo tras recorrer laberínticos pasadizos en busca de los sospechados recovecos del pecado de los que siempre se habló (¿qué habría, instrumentos de tortura, alguna reproducción de la maja desnuda toda enchastrada, esqueletos de sacerdotes con las falanges incrustadas ahí abajo, un larguísimo túnel que desembocaría en Santa Felicitas? no sé, abrimos una puerta, llegamos ver esa inquietante figura... ¿estatua o cura embalsamado?, nunca se supo, ahí apareció Arce y no nos dio tiempo de mirar bien). Bueno, el cura Arce casi se infarta, ¿adónde creen que van ustedes? y esto se terminó, uno les da la mano y se agarran el brazo… El cura puto ese… me hacía reír, cada vez que me veía mandaba lo mismo, “está comprobado científicamente que los muchachos que usan el cabello largo se están convirtiendo psicológicamente en mujeres”, y yo le decía pero… entonces Jesús... Sin embargo la que lo fulminó fue Miriam… la tarde que le respondió y usted no sabe padre que los hombres que usan pollera también? Bueno, como fuera, el cura nos sacó cagando de los claustros sagrados. Caigo en la cuenta de que ya estamos en el '76, y entonces nos echó dos veces el cura marrano... por llevar damas a los ensayos primero, y por intentar profanar los misterios sagrados después.
Sospecho que acabo de armar un terrible quilombo de tiempos superpuestos, mezclados, invertidos... pero no pienso revisar: meses antes o después, todo fue...
Sospecho..
Sin embargo ya había notado algunos cambios antes de esa revelación. Cambios al revisar algo en bruto, para corregir: desde hace un tiempo vengo percibiendo que las correcciones a mí mismo jamás son aditivas sino todo lo contrario, siempre hay en mi prosa más exceso que defecto. Mejorar, embellecer, viene viniendo de la mano de simplificar, reducir, podar. A la mierda ese barroquismo pelotudo que parece subestimar al lector: lo obvio no se explica, el arte (grande o chiquito, no viene al caso ahora) no es negociable, el estudiante de ingeniería se fue hace rato, no es asunto mío si el que lee tiene un tábano en el cerebro y me niego a hacerme cargo, escribiría prospectos de medicamentos si algún lab me pagara, pero no es ese el caso...
Sí, normalmente corrijo lo que escribo. Corrijo para mejorar la forma, que es naturalmente desatendida en el momento de llevar una idea de la cabeza al papel.. y está bien que así sea. Todo lo demás no importa demasiado en ese punto, porque tiene solución después. Lo único que no la tiene es el olvido, la pérdida de lo sustancial. En ese primer escalón del proceso de la escritura, sería estúpido no concentrarse en lo único que importa: el contenido. A veces, solo a veces, algo sale redondito y limpio, indestructible de una, pero si eso no pasa.. calma: ahí empieza el juego divertido si se dispone de más recursos. En esa búsqueda estoy.
Y EL descubrimiento es.. que lo que sobra resta, aniquila cualquier approach poético.
martes, 17 de marzo de 2009
Hoy
Hoy... me bebo mi propia sangre para reciclarla en ese estúpido lugar donde mi ser está astillado, frágil, tocado... un barquito a la deriva en un mar que se lo está tragando. Pero no importa, está todo en orden, en su lugar.
Me sobreestima, no soy tan fuerte. Aguanto el dolor, pero lo sufro intensamente.
Y ahí estás vos ahí acá en el aire que respiro... No quiero que estés mal, no resisto tus lágrimas...
Sí... eternamente por un mes. Sí, pero no quiero arrastrarte al otoño.
Quiero que mires algún horizonte... donde un sol me borre, porque yo soy la luna.Hoy no me pidas más, hoy... sólo sospecho que mañana se me va a terminar de desgarrar el alma...
Guardá esto en otro lado, si querés... Como comprenderás, no debe estar acá.
Una respuesta
Me siento muy identificado con todo lo que decís de vos mismo cuando hablás de tu “natural egoísmo, insolidaridad, antipatía, insociabilidad, haraganería, letargo, etc.”: todos los trapos sucios de tu podrido muestrario me calzan como a medida. Yo también encuentro buenas intenciones en el fondo de mi ser, pero en el pragma de la cotidianeidad rara vez llego al fondo de algo. Y me atormentan mucho las justificadas culpas que siento a veces, porque mi condición de insensible hedonista es más fuerte que esas buenas intenciones que casi nunca se transforman en hechos: aunque no me guste, soy un egocéntrico que convoca sus pocas fuerzas al servicio de la inactividad, y que sólo piensa en su comodidad y su satisfacción. Lo que me diferencia de vos (para peor) es que ni siquiera me interesa lo que me interesa, ni me gusta hacer lo que me gusta: como te dije algunas cartas atrás, “no tengo ganas ni de lo que tengo ganas”, el esfuerzo me enferma, y mi voluntad ni siquiera funciona cuando el movimiento me pudiera provocar placer. Pero supongo que esto último puede ser pasajero, una natural consecuencia de mi depresión.
Creo que si yo leyera a Kafka en este momento de mi vida, pensaría seriamente en mudarme a un sexto piso...Para Dill, 2004
Una pa'l oeste
(Sólo una frase... rescatada de un antiguo manuscrito encontrado en un baldío de Madagascar)
Documento
Me siento mal, compadre. Tengo un bajón de la puta madre, y esa sensación de desasosiego que tan bien conozco, instalada en el diafragma como una opresión insoportable. Algunas mutaciones ocurren progresivamente de una manera tan imperceptible que resulta difícil definir momentos, porque no parece haber límites entre uno y el siguiente. Sé que hace tiempo que estoy así, pero esto es peor ahora que un par de semanas atrás, y no puedo determinar ni explicar qué cambió, ni cuándo. Me angustian demasiado la incertidumbre y la malaria en la frecuencia de las realidades materiales. Trato de sobreponerme (¡que palabrita!), y a veces lo logro; pero cada mañana, cuando abro los ojos y demás sentidos, me cae en la nuca (y en el pecho) un peso que me puede: es la revelación cotidiana de un bajón que, en esos momentos, me encuentra con las defensas bajas y me supera. Recién cuando se me termina de cargar el sistema operativo puedo intentar algo, abrir algún programa que me rescate por un rato, o escribir alguna historia poco creíble que sistemática y convenientemente habré de creer hasta que deje de hacerlo y vuelva el bajón en un pico de intensidad máxima. No quiero que te pongas mal, compadre: te cuento esto porque es lo que me está pasando, y no tengo a quién contárselo acá (tengo, pero no quiero). Sé que si en este momento voy a un médico me va a recetar pastillas, y tendré que enfrentarme a una situación compleja, porque en realidad no quisiera volver a tomar porquerías: aunque siento que las necesito más que en ningún otro momento desde que las dejé, no me las procuré por propia iniciativa y entonces no veo una razón por la cual debiera hacerle caso a alguien que nada sabe de mi alma. Pero por otro lado estoy en un estado que apenas puedo soportar, y sospecho malas intenciones de mi mente, como si algo en mí estuviera esperando el permiso de la ciencia para volver a tomar tranquilizantes sin culpa… No sé, Gabbani, no sé nada, pero espero que las cosas cambien, que mejoren aunque sea un poquito, para salir de esta profundidad que no busqué ni creo merecer, porque hace mucho que dejé de hacer boludeces, y estoy haciendo lo mejor que me es posible, por mi mujer, por mis hijos y por mí.
Ahora… mirá Gabbani, si te voy a salpicar una vez más con las lágrimas secas de este oscuro llanto mío, creo que por lo menos te debo un poco de claridad. Entonces voy a tratar de ser claro, para que se entienda bien el punto central de mi estado. Todo lo que me pasa, todo esto que siento, admite una doble lectura, porque tiene dos caras (la vida es una moneda…). Creo que es bastante normal, razonable, o al menos esperable, que me sienta mal, angustiado y confundido, ante una situación de mierda que es bien real: cualquier persona sana se siente mal ante un soplo de infortunio, y la incertidumbre desestabiliza y atormenta porque genera miedos. Hasta ahí todo cierra correctamente un circuito lógico de causa y efecto. Pero como tengo en la cabeza un par de resistencias quemadas (entre otros defectos de hardware), es inevitable que haya fugas, recalentamientos y cortocircuitos. Entonces pierdo el control de lo que debería controlar, y quedo contra las cuerdas. Dije que quiero ser claro, y entonces la voy a hacer corta: lo peor de todo es siempre lo que yo mismo genero a partir de cualquier problema real que no puedo resolver instantáneamente. Es como me decía Politti, “vos sos tu peor enemigo” (no tiene importancia quién es Politti). Si algo te supera por su propio peso… imagináte lo que pasa al agregarle un plus siniestro de yapa. Me enrosco como el más pelotudo, y hago una pirámide de un puñado de arena…
lunes, 16 de marzo de 2009
Reasons
No matter who...
En los últimos tiempos (hablamos del ’98) venía a casa día por medio. La excusa era la guita. Supongo que esperaba que le dijera “tomá, para el colectivo de mañana”, o tal vez no: es posible que en su delirio apareciera de a ratos cierta… delicadeza como para no someterme a esas sesiones de tortura sin tregua. Pero antes de seguir, aclaro: yo me copaba en estar con él, como siempre.
El tipo entraba, beso, y yo por la cara ya sabía qué me esperaba. Aunque ya en esa época no había demasiadas variantes… El ritual empezaba siempre igual, se sentaba, encendía un cigarro (me too), y se reía pero no hablaba, sólo me miraba como diciendo “te escucho…”. Pero en realidad no me escuchaba un carajo, se limitaba a simular que escuchaba las novedades que le pudiera contar como quién se tapa la nariz para pasar el trago amargo, seguía mirándome, asentía de a ratos, pero yo sabía que estaba hablando al pedo, porque o no estaba ahí o le importaba tres carajos lo que le contara. A veces, de puro hijo de puta nomás, se la hacía larga, que después te tengo que aguantar yo a vos, y sabés que se hace eterno. Porque además era siempre lo mismo, tres cosas, sólo tres cosas, siempre las mismas tres putas cosas: “yo ya se que nunca…”, “yo ya se que nunca…” y “yo ya se que nunca…” En cuanto yo terminaba, sin apuro como para asegurarse de que cuando él comenzara no lo cortaría con “boludeces triviales”, ponía primera. A veces no empezaba de una con lo sabido, a veces traía la novedad del día, “boluuudoo, una minita… en el colectivo, yo ya no entiendo más nada, a mi me están jodiendo, una puerca de aquellas… con un forro terrible, encima gordo, y me marcaba la guacha, yo ya se que nunca…” (y yo pensaba “no te hagás el boludo, las mujeres te miraron siempre, hasta a mí me miraban de reebote sólo por estar al lado tuyo”). Cuando estaba de buen humor (yo), corría para donde él quería, y podíamos seguir en armonía por dos pavas de mate y un paquete de fasos, “al fin y al cabo es mi amigo de toda la vida, el más viejo, el primero que sigue vivo, y está así…”. Pero uno no es una planta, a veces me encontraba cruzado, y se pudría todo. Cruzado soy antipático, sarcástico… A veces le respondía “pero mirá vos… entonces el gordo no será tan forro, si se ganó esa minita debe ser más vivo que vos… puede ser eso o puede ser guita, pero si iban en colectivo…” No siempre acusaba recibo de una, él sabía que cuanto más tardáramos en tarasconearnos, más tiempo tendría para seguir con su monólogo, al fin y al cabo qué carajo le importaba mi opinión… Mientras no le dijera lo que no quería escuchar, parecía como que le daba lo mismo si yo le prestaba atención o si simplemente lo escuchaba pensando en cualquier otra cosa. Por eso me lo bancaba, vea. Entendiendo que necesitaba mi compañía… lo demás importaba poco.
guidino modelo 2004
domingo, 15 de marzo de 2009
Clones
Gus
Aclaración sobre la actual lista que suena
sábado, 14 de marzo de 2009
viernes, 13 de marzo de 2009
¿Treinta y cuatro años no es nada?
Treinta y cuatro años carajo, una eternidad, usted no era Don Julio ni mi compadre, ni siquiera Dill, era un tal Guillermo y yo aparecí con mi ridículo prendedor de Hendrix en el blazer y el gordo Collarini y vaya a saber quiénes más por atrás una mañana de marzo que no me dejaron entrar al Pueyrredón hasta que se corte el pelo y venga con corbata milicos de mierda, entramos a su colegio como un comando subversivo para ver a Hector y las autoridades nos sacaron cagando, que qué se creen estos locos peludos, entrar así en horas de clases, señores retirensé o llamamos a la police debe haber dicho Susana con Calderón desorbitado detrás, y yo a usted y a su amigo Guidoemilioferrari que tampoco era Guy aún no los conocía, pero igual se acuerdan porque el flaco alto con cara de patología múltiple poco después sería el guitarrista de la banda, con Héctor también ahí, cantando a veces memorables armonías junto a the other beautyful voice Guidino on bass & usté con los palos que años después no se habría de meter en el culo sólo por cuestiones de incompatibilidad sexual, pero le diré que de cualquier manera eran objetos mucho más apetecibles para eso que una guitarra o un bajo, que quiere que le diga, si yo hubiese sido batero qué mal te veo Federico, tan mal como cuando a Guy y a mí se nos dio por hacer porquerías con la misma mujer dios santo de los cielos demonio de los infiernos que angosta era aquella cornisa diga usté que éramos como hermanos y el tiempo cura de espantos a todos menos a Héctor que se volvió una planta y no precisamente de cannabis ni alegría del hogar que no es ni siquiera hogar porque no basta una madre y a veces hasta sobra perdóneme Olga que ya se que usted no es una criminal pero el crimen está cometido y no veo a nadie más por ahí que usted y la víctima y yo también fui víctima por lo que de esto entiendo bastante más de lo que entendía cuando aquel parque mágico y misterioso nos cobijaba en sus tardes del génesis de todo con Gabrieladelcanguritoazul y Miriam sumadas a la fiesta sin globos que a todos confundió bastante porque años después no se sabía qué había pasado y qué no, pero que aquello fue milagroso nadie lo duda y después como la vida sigue siguió nomás sin rumbo pero con cauce pedregoso hasta el momento de descubrir que ya nada nuevo habría para descubrir y recordar aquellas lágrimas compartidas escuchando a Genesis en su cuarto de Gavignaaloeste como dos tarados, porque sepa que aunque usted no se acuerde yo sí, yo me acuerdo de todo porque soy un enfermo y me importa muy poco, como me importa muy poco saber que en algunos persisten ecos y en otros no, la vida es así y yo ni siquiera se así cómo o así qué, exiliado en el lejano norte desde que me harté de tener madre y padre y comida segura a la hora de comer ni un minuto antes ni un minuto después porque si no el aderezo era unas caras de culo que cortaban la digestión, y ahora acá arriba vuelvo a no saber qué oscuros designios operaron en esto para que esté como estoy podrido de tanta malaria que parece interminable escuchando a mi compadre y a mi hermano Guidino llorar desde el otro extremo de la distancia por dolores tan parecidos que me hacen sospechar que no arreglé nada escapando de aquellos lugares en los que hoy podría encontrar algunos remedios absurdos del laboratorio de la nostalgia que no curan nada pero distraen y a mí me sirve como me sirvió siempre… carajo.
¿Un qué?
Maldigo este bendito viento
mágico, esquinado
impostor
si no trae más que delicias
que no puedo tomar
Malditos amaneceres
simuladores alados
que un cerco asfixia
relojes de salmareas invisibles
un espinal sin rosas
maldito este ángel perverso
en que me convertí
Maldito desde siempre
hasta las cenizas
Maldito el tiempo lánguido
y malditas las noches
demoradas
esperadas
sangrando en siestas convulsivas
sangrando y fingiendo
extasiado de espejimos
imbécil colmado de guirnaldas
Como sea:
bendito este viento...maldito
Trance
sábado, 7 de marzo de 2009
For no one
Esto es.. un pensamiento a partir de una mirada.. general: si digo for no one es for no one. Nada personal, sólo la verdad. No debería estar acá, pero me pareció importante..
Gus
jueves, 5 de marzo de 2009
Mi amigo invisible
Cada tres o cuatro semanas ahí está él, apareciendo en mi noche con su luz, habitando mi soñar. Charlamos como charlan los amigos y, aunque pueda parecer una locura, toca para mí temas que no están en ninguno de sus discos (es una lástima que me abisme tanto por esas melodías y letras increíbles y no pueda escribirlas cuando despierto, porque algunas las olvido en el preciso instante en que las recuerdo asombrado y sin querer darle final a la memoria, y otras se van borrando lentamente hasta que me doy cuenta de que es tarde: debí haber buscado una lapicera a tiempo, pero no lo hice). Hasta llegó a adelantarme cómo sería la tapa de su próximo disco (pero algo debió haber pasado en el camino porque cuando el disco salió, la tapa ya no era la misma). Anoche, por ejemplo, estuvimos discutiendo -como discuten los amigos- acerca de la portada de su última obra, Un Mañana; yo le decía que no me gustaba demasiado y él la defendía con ardor.
Luis me recomendó libros como recomiendan todos los amigos. Por ejemplo, me sugirió que leyera a Antonin Artaud; Las Enseñanzas de Don Juan de Castañeda; El secreto de la Flor de Oro de Jung, dónde se habla del ánima, del animus, y de los mandalas y duraznos que sangran.. Me hizo leer uno de los libros más impactantes que leí en mi vida, Vigilar y Castigar, del filósofo francés Michael Foucault. Me recomendó discos y hasta alguna que otra película.
Y también nos visitamos de día. En realidad de día soy yo el que lo busco (quizás respondiendo a su llamada invisible) y lo escucho cantar y decirme cosas desde sus discos. Cosas que me hacen reflexionar acerca de la vida, de cosmogonías casi religiosas que me conmueven con sus espacios y visiones del amor.
Nadie nos ve nunca juntos, y por eso creo que debo llamarlo mi amigo invisible. Pero me acompaña como uno más y, como mis otros amigos, me agranda el alma.
Dill

