Yo creía que nunca había tenido un
amigo invisible. "Si no lo tuve de niño.. cuando esas presencias recónditas suelen visitarnos.." -pensaba-; y ahora, ya grande, descubro que sí lo tuve
desde mi adolescencia. Desde los quince años, para ser preciso.. y lo sigo teniendo hoy.
Ese amigo
se llama Luis, Luis Alberto Spinetta, y me
acompaña como sólo los amigos saben acompañar. Está desde
aquel entonces siempre muy cerca de mí. Hasta en sueños
conversamos y nos suceden cosas extrañas. Frecuentemente sueño con Luis... y esto lo saben mis otros amigos, los visibles, porque les
cuento de él y me creen.
Cada tres o cuatro semanas ahí está él, apareciendo en mi noche con su luz, habitando mi soñar. Charlamos como charlan los amigos y, aunque pueda parecer una locura, toca para mí temas que no están en ninguno de sus discos (es una lástima que me abisme tanto por esas melodías y letras increíbles y no pueda escribirlas cuando despierto, porque algunas las olvido en el preciso instante en que las recuerdo asombrado y sin querer darle final a la memoria, y otras se van borrando lentamente hasta que me doy cuenta de que es tarde: debí haber buscado una lapicera a tiempo, pero no lo hice). Hasta llegó a adelantarme cómo sería la tapa de su próximo disco (pero algo debió haber pasado en el camino porque cuando el disco salió, la tapa ya no era la misma). Anoche, por ejemplo, estuvimos discutiendo -como discuten los amigos- acerca de la portada de su última obra, Un Mañana; yo le decía que no me gustaba demasiado y él la defendía con ardor.
Luis me recomendó libros como recomiendan todos los amigos. Por ejemplo, me sugirió que leyera a Antonin Artaud; Las Enseñanzas de Don Juan de Castañeda; El secreto de la Flor de Oro de Jung, dónde se habla del ánima, del animus, y de los mandalas y duraznos que sangran.. Me hizo leer uno de los libros más impactantes que leí en mi vida, Vigilar y Castigar, del filósofo francés Michael Foucault. Me recomendó discos y hasta alguna que otra película.
Y también nos visitamos de día. En realidad de día soy yo el que lo busco (quizás respondiendo a su llamada invisible) y lo escucho cantar y decirme cosas desde sus discos. Cosas que me hacen reflexionar acerca de la vida, de cosmogonías casi religiosas que me conmueven con sus espacios y visiones del amor.
Nadie nos ve nunca juntos, y por eso creo que debo llamarlo mi amigo invisible. Pero me acompaña como uno más y, como mis otros amigos, me agranda el alma.
Dill
Cada tres o cuatro semanas ahí está él, apareciendo en mi noche con su luz, habitando mi soñar. Charlamos como charlan los amigos y, aunque pueda parecer una locura, toca para mí temas que no están en ninguno de sus discos (es una lástima que me abisme tanto por esas melodías y letras increíbles y no pueda escribirlas cuando despierto, porque algunas las olvido en el preciso instante en que las recuerdo asombrado y sin querer darle final a la memoria, y otras se van borrando lentamente hasta que me doy cuenta de que es tarde: debí haber buscado una lapicera a tiempo, pero no lo hice). Hasta llegó a adelantarme cómo sería la tapa de su próximo disco (pero algo debió haber pasado en el camino porque cuando el disco salió, la tapa ya no era la misma). Anoche, por ejemplo, estuvimos discutiendo -como discuten los amigos- acerca de la portada de su última obra, Un Mañana; yo le decía que no me gustaba demasiado y él la defendía con ardor.
Luis me recomendó libros como recomiendan todos los amigos. Por ejemplo, me sugirió que leyera a Antonin Artaud; Las Enseñanzas de Don Juan de Castañeda; El secreto de la Flor de Oro de Jung, dónde se habla del ánima, del animus, y de los mandalas y duraznos que sangran.. Me hizo leer uno de los libros más impactantes que leí en mi vida, Vigilar y Castigar, del filósofo francés Michael Foucault. Me recomendó discos y hasta alguna que otra película.
Y también nos visitamos de día. En realidad de día soy yo el que lo busco (quizás respondiendo a su llamada invisible) y lo escucho cantar y decirme cosas desde sus discos. Cosas que me hacen reflexionar acerca de la vida, de cosmogonías casi religiosas que me conmueven con sus espacios y visiones del amor.
Nadie nos ve nunca juntos, y por eso creo que debo llamarlo mi amigo invisible. Pero me acompaña como uno más y, como mis otros amigos, me agranda el alma.
Dill
15 comentarios:
Buenísimo compadre, me alegra saber de ese "amor correspondido", porque sé de su onda con el Flaco (a quién también yo amo, a mi manera). Es una pena que después de esos sueños no recuerde lo que escucha como para poder escribirlo, pero supongo que debe ser así.
En cuanto a mí... munca me pasó algo parecido, pero si así fuera... sospecharía a García perturbando mis sueños.
Totalmente: veo un García haciendo de las suyas con usted por Oniria. Sí señó.
Dill.
Sí, una mezcla de García y Miguel Abuelo en realidad...
Usted sí que la tiene clara. Comparto otra vez (¿podríamos agregar a Chopin?)
Dill.
¿A Chopin? ¡A Chopin...! A Chopin... ¡que hijo de puta Don Julio, usted es increíble! Toda una vida pensé que me había parido una mujer, pero... ¿entonces fue usted quien me creó?
Sí, ya sé, no me diga nada: la respuesta (NO) cae por su propio peso. No, porque como objeto de creación parezco imposible sin una mala intención dando vueltas por ahí, y usted no es así. Además usted es más joven...
A los veinte me enamoré de Paul Gauguin. Lloraba desconsolada porque ya llevaba muerto unos ochenta años lo que hacía imposible nuestro amor. Entre otras cosas. Como la distancia por ejemplo. Él en Tahití y yo en Buenos Aires. Por eso me iba al MNBA, donde al final del pasillo que se abre a la derecha no bien uno cruza la puerta de entrada, está la maravillosa `Vahine no te miti´con su sensual esplendor amarillo. Yo me paraba frente a ella y cuando el Seguridad no miraba, pasaba suavemente mi mano por la pintura, no sin temor, menos por ser descubierta que por hacerle daño a la tela. Casi podía sentirlo.. Y pensaba que allí mismo había estado parado él.. Yo ocupaba ahora el mismo espacio de aire, el mismo que él había ocupado, parado allí mientras la pintaba, a cuarenta centímetros de la tela..
Le debía mi historia de amor invisible ..para decirle que lo acompaño en la locura
Su historia y la magia de su teclado...
Ya sé, ya sé.
..Es tan hermoso cuando está herido.. Pero hablaba con Dill.
Con usted la locura me está prohibida
Está bien... me estoy riendo de mi propio arrebato, si se tratara de una mosca que pasaba cerca, me la hubiera tragado por tener la boca abierta...
Usamos estos espacios como una especie de messenger con delay, y al final uno pierde de vista la entrada en cuestión. Y esta era de Dill...
Me hizo reir, todo un mérito, vea...
Pero ya no juguemos, si? Esta batalla naval con las neuronas en el tablero me esta matando...
..pero no fuí yo.. No dije nada, yo recién entro.. Y usted también me hizo reir
Perdón, creí que lo había hecho reir a Dill ..Aunque a mí también. Pero el que reía era usted.. Entonces sí soy yo.
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